Artículo originalmente publicado en Abogacía.es. Puedes leer el artículo completo aquí

De nuevo se está hablando y escribiendo mucho sobre la aplicación de las técnicas clásicas de Gestión de Proyectos -project management- a la prestación de los servicios jurídicos de la abogacía, y ello tanto a los propios despachos de abogados como a los departamentos jurídicos de empresa.

En general casi todos los elementos y técnicas de la gestión de proyectos son aplicables al mundo jurídico, el conocido como Legal Project Management (LPM), y de hecho muchas de sus técnicas y herramientas se aplican de forma natural y más o menos coordinadas en el día a día de la abogacía.

En este sentido es posible afirmar que muchos asuntos jurídicos cumplen con la definición de proyecto, esto es:

  • Todo asunto jurídico es un «proyecto»
  • Todo asunto jurídico ha de ser temporal y ha de tener un fin.

Si bien no todos los asuntos o proyectos han de ser gestionados con LPM, ni con sus herramientas y técnicas.

Por eso es necesario entender cuáles son las diferencias principales de un proyecto jurídico con un proyecto “normal” ( o de otros ámbitos donde su aplicación es más natural, como ingeniería, arquitectura, diseño, producción de software, etc.)

Una de las principales cuestiones a tener en cuenta consiste en tener muy presente que el project management solo actúa como mejora de la estrategia interna operativa, siendo mucho más amplios los objetivos que una firma debe tener en su día a día, y que especialmente debe estar centrada en generar y gestionar conocimiento

 

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